14.12.10
Te debo treinta…
“Encontró US$10.000, los devolvió y sólo le dieron $70 de recompensa”, tituló Clarín en nota de tapa la semana pasada.
http://www.clarin.com/sociedad/Encontro-US10-devolvio-dieron-recompensa_0_385761505.html
Al parecer, título triste y que habla mucho de nosotros. Como si en estos días sólo se pudiesen realizar acciones honestas si hay algún tipo de retribución inmediata. Un mensaje velado de que el hecho de ayudar al otro y preocuparse por él debiera ser parte no de un contrato social o moral sino de un intercambio material y a cortísimo plazo.
Vale la pena leer la nota, porque de este modo se entiende que el mayor error de Clarín fue el título y no el tono de rechazo a la “recompensa”. Porque informándonos más vemos que la reacción de la beneficiada con el esfuerzo del taxista atenta contra cualquier buen espíritu, desalienta cualquier práctica honesta y nos coloca de nuevo en cierto paradigma feudal. La “recompensa” de $70 en realidad es parte de un viaje de $100 que el taxista hizo persiguiendo a un ómnibus por la ruta para devolver los dólares. Sí, ni siquiera le pagó el viaje entero. De última…
Suena lógico que la beneficiada sea una turista de origen brasilero, donde la esclavitud terminó hace poco más de un siglo y donde reacciones, que esconden clasismo como estas, se ven cotidianamente (como siempre, discriminación al pobre más que a la etnia o país de origen). El individuo de sectores de bajos recursos es visto únicamente como alguien al servicio de quienes tienen mayores riquezas materiales.
Esto que en Brasil se nota más, también sucede, y mucho, en Argentina. Andando un poco por Buenos Aires y capitales provinciales, veremos muchos individuos pertenecientes a clase media y alta que no pueden tener más conexión con los pobres que el desdén, la lástima o la total despreocupación.
El consuelo de “Quebrado” Sosa es que debe tener buenos amigos. Y ahora tiene un amigo ambidiestro.
18.11.10
También en la política
Vino Paul McCartney. Uno de los más grandes compositores de música popular del siglo XX. Uno de los componente de la dupla creativa más exitosa de los últimos cien años. Un glorioso intérprete aún a sus casi setenta años. Y ante todo, vino una leyenda. Estuvo en Argentina uno de los íconos culturales del siglo pasado. El mundo cambió con Los Beatles. Y Paul McCartney es Los Beatles.
Más allá de la emoción que producen sus músicas, de las lecciones que enseñan sus letras y de la celebración de la vida que representaron, Los Beatles fueron y aún son un hecho cultural de enorme relevancia no sólo en el mundo de la música y las artes sino también en la política y la sociedad occidental.
Jaime Durán Barba, un prestigioso consultor político, alguna vez describió el profundo impacto que los años sesenta generaron en la sociedad y como, décadas después, terminaron modelando una nueva ciudadanía y un nuevo vínculo occidental entre los individuos y la actividad política. El crecimiento de las exigencias sociales, la desacralización de la política, el escepticismo hacia la dirigencia y la democratización en los vínculos son, en cierto sentido, también consecuencia de los Fab Four y su revolucionaria irrupción. Y tiene sentido. Si ellos como conjunto y con sus carreras solitas nos enseñaron a amar, a dejar partir, a conectar con la vida y la muerte desde otro lugar, a no aceptar la infelicidad, a hacer el amor y no la guerra, a no naturalizar la injusticia, a minimizar lo material, ¿cómo no iban a impactarnos también en nuestro vínculo con la cosa pública? A diferencia de otras pretendidas revoluciones, esta fue real porque perduró y, de la mano del tiempo, se impuso.
Un hito cultural estuvo en Buenos Aires y realizó el mejor de los homenajes a su leyenda; música de primer nivel. Y reforzando y renovando su eterno mensaje de amor, paz, espiritualidad y búsqueda de la felicidad.
Como dice Charly García. Si a alguien no le gustan los Beatles, desconfiá. Y es muy pasible de aplicarse a la dirigencia política y social. Si a algún líder no le gustan los Beatles, desconfiale. Algo de amor, paz, búsqueda de felicidad y espiritualidad le está faltando.
Los dejo con una canción que da cuenta de lo revolucionario que fueron y de cómo eran dueños de su mundo. “A day in the life”. Según muchos de sus exegetas, su opus magnum. Sólo audio.
Más allá de la emoción que producen sus músicas, de las lecciones que enseñan sus letras y de la celebración de la vida que representaron, Los Beatles fueron y aún son un hecho cultural de enorme relevancia no sólo en el mundo de la música y las artes sino también en la política y la sociedad occidental.
Jaime Durán Barba, un prestigioso consultor político, alguna vez describió el profundo impacto que los años sesenta generaron en la sociedad y como, décadas después, terminaron modelando una nueva ciudadanía y un nuevo vínculo occidental entre los individuos y la actividad política. El crecimiento de las exigencias sociales, la desacralización de la política, el escepticismo hacia la dirigencia y la democratización en los vínculos son, en cierto sentido, también consecuencia de los Fab Four y su revolucionaria irrupción. Y tiene sentido. Si ellos como conjunto y con sus carreras solitas nos enseñaron a amar, a dejar partir, a conectar con la vida y la muerte desde otro lugar, a no aceptar la infelicidad, a hacer el amor y no la guerra, a no naturalizar la injusticia, a minimizar lo material, ¿cómo no iban a impactarnos también en nuestro vínculo con la cosa pública? A diferencia de otras pretendidas revoluciones, esta fue real porque perduró y, de la mano del tiempo, se impuso.
Un hito cultural estuvo en Buenos Aires y realizó el mejor de los homenajes a su leyenda; música de primer nivel. Y reforzando y renovando su eterno mensaje de amor, paz, espiritualidad y búsqueda de la felicidad.
Como dice Charly García. Si a alguien no le gustan los Beatles, desconfiá. Y es muy pasible de aplicarse a la dirigencia política y social. Si a algún líder no le gustan los Beatles, desconfiale. Algo de amor, paz, búsqueda de felicidad y espiritualidad le está faltando.
Los dejo con una canción que da cuenta de lo revolucionario que fueron y de cómo eran dueños de su mundo. “A day in the life”. Según muchos de sus exegetas, su opus magnum. Sólo audio.
29.10.10
Primeras reflexiones
Murió Néstor Kirchner y tras la conmoción sentimos necesidad de reflexionar.
Desapareció físicamente el actor político más importante de la escena argentina. Aún en retirada, derrotado en las últimas elecciones y con mayoritario rechazo en la ciudadanía argentina, tenía la capacidad de seguir marcando el ritmo de la política nacional.
Desde lo humano no hay mucho por decir. Es una de esas muertes que, por sorpresiva, nos hace reflexionar sobre la propia vida. Algunos a través de un adolescente cinismo pero, la mayoría, a partir del dolor y el estupor. Pensamos sobre lo frágil que es la vida, sobre que ni siquiera una persona poderosa puede escapar a leyes naturales. Kirchner ya había tenido síntomas contundentes y, sin embargo, optó por descuidar su salud. La vida siempre, tarde o temprano, te pasa factura. Y conectar con eso nos genera esa mezcla de temor, angustia, alerta y compromiso con mejorar la propia existencia.
Pasada las primeras horas, ahora sí podemos comenzar a analizar un poco el impacto político.
Asistimos en estas horas a un rabioso duelo por parte de la dirigencia oficialista. Duelo comprensible y respetable, donde se ahuyenta la angustia reconfirmando un rumbo, las convicciones y honrando al líder muerto. No es justo criticar al dolor puro. Ni tiene sentido en un análisis político.
El funeral fue multitudinario y nos recuerda la importancia de la militancia, del contacto de los dirigentes con la gente y el dar la cara. Hay que ser justo y reconocer que Néstor Kirchner, en la hora de su muerte, se consagró como un líder popular. La movilización y el afecto que generó no es simplemente producto del clientelismo. Hay un reconocimiento masivo. Reconocer esto no es desconocer que aún así, muerte mediante, son muchos más los argentinos que esperan un cambio en la forma de concebir y ejercer la política y que, respetuosos del dolor ajeno, siguen en silencio aspirando a otro modelo de país.
Mucho se comenta sobre el legado de Néstor Kirchner y se menciona, entre los principales, el hecho de que se vuelva a hablar de política. El problema es qué tipo de debate se instaló. Es bueno que la ciudadanía se involucre más en la discusión de asuntos públicos, pero no con las categorías adolescentes, distorsionadas y confrontativas que el kirchnerismo propuso y propone. Hay una gran diferencia entre pensar que la política a veces genera conflicto y que la política es siempre conflicto. Esto sin desconocer las dificultades que representa ser presidente en una sociedad compleja y atravesada por múltiples y muchas veces opuestos intereses.
Una joven en Plaza de Mayo decía a un cronista “¡Qué injusticia!, ¿por qué siempre tienen que caer de nuestro lado?”. Este razonamiento es parte del núcleo central del legado de Néstor Kirchner. Suponer que hay dos lados que se enfrentan donde necesariamente “cae” gente y donde hay patriotas y antipatriotas, sin permitir espacio para la unión, la reconciliación y un proyecto compartido por amplias mayorías. Seguramente este sea el principal desafío de la dirigencia post-kirchnerista; cómo desactivar este prejuicio de amplios sectores, cómo asegurar la convivencia entre posicionamientos tan polarizados, de los que el kirchnerismo fue su mayor exponente en la última década pero no el único. Las manifestaciones de estas horas están exacerbadas por el dolor y el estupor, pero esconden miles y miles de argentinos comprometidos con una Argentina sin matices y excluyente de los adversarios devenidos enemigos. Néstor Kirchner no fue un hechicero que encantó a millones de argentinos, sino que fue un representante genuino y exacerbado de la visión limitada que muchos compatriotas tienen sobre la democracia y el Estado de Derecho. Visión muy presente en el kirchnerismo pero también en sectores conservadores del antikirchnerismo.
Esta reflexión no invalida otros sentimientos. Debemos acompañar a una mujer que es presidenta pero que ante todo es un ser humano. Acaba de enviudar, perdió a su compañero de toda la vida. Acompañar y respetar su dolor es una forma de ser buen argentino. Y es una forma de caminar hacia esa Argentina menos confrontativa y más hermanada que muchos deseamos.
Esperemos que el legado de Néstor Kirchner hacia su espacio político sea la reivindicación de algunas banderas y algunos medios. Y el legado hacia todos los argentinos la importancia de la militancia, el descreimiento de los formalismos del poder y la voluntad transformadora. El resto de su herencia deberá ser materia de debate y aprendizaje social, en momento de menor conmoción y dolor.
Que en paz descanse Néstor Kirchner. Y que los argentinos aprendamos del pasado, sepamos inspirarnos en lo bueno de los que nos antecedieron y construyamos hacia adelante una argentina donde al funeral de un ex presidente puedan asistir todos los ex presidentes y toda la dirigencia política y social, y donde la gente cante al amor y la vida y no contra medios de comunicación, periodistas, la clase media o dirigentes opositores. O sea, ojalá que sepamos ir avanzando hacia una Argentina con paz, orden y, sobre todo, inclusión social. No parece haber otro modo.
Por ahora esto. Para más adelante quedarán las especulaciones sobre el futuro del gobierno, los reposicionamientos en el arco opositor, los beneficiados y perjudicados del nuevo escenario y la campaña electoral del próximo año.
Desapareció físicamente el actor político más importante de la escena argentina. Aún en retirada, derrotado en las últimas elecciones y con mayoritario rechazo en la ciudadanía argentina, tenía la capacidad de seguir marcando el ritmo de la política nacional.
Desde lo humano no hay mucho por decir. Es una de esas muertes que, por sorpresiva, nos hace reflexionar sobre la propia vida. Algunos a través de un adolescente cinismo pero, la mayoría, a partir del dolor y el estupor. Pensamos sobre lo frágil que es la vida, sobre que ni siquiera una persona poderosa puede escapar a leyes naturales. Kirchner ya había tenido síntomas contundentes y, sin embargo, optó por descuidar su salud. La vida siempre, tarde o temprano, te pasa factura. Y conectar con eso nos genera esa mezcla de temor, angustia, alerta y compromiso con mejorar la propia existencia.
Pasada las primeras horas, ahora sí podemos comenzar a analizar un poco el impacto político.
Asistimos en estas horas a un rabioso duelo por parte de la dirigencia oficialista. Duelo comprensible y respetable, donde se ahuyenta la angustia reconfirmando un rumbo, las convicciones y honrando al líder muerto. No es justo criticar al dolor puro. Ni tiene sentido en un análisis político.
El funeral fue multitudinario y nos recuerda la importancia de la militancia, del contacto de los dirigentes con la gente y el dar la cara. Hay que ser justo y reconocer que Néstor Kirchner, en la hora de su muerte, se consagró como un líder popular. La movilización y el afecto que generó no es simplemente producto del clientelismo. Hay un reconocimiento masivo. Reconocer esto no es desconocer que aún así, muerte mediante, son muchos más los argentinos que esperan un cambio en la forma de concebir y ejercer la política y que, respetuosos del dolor ajeno, siguen en silencio aspirando a otro modelo de país.
Mucho se comenta sobre el legado de Néstor Kirchner y se menciona, entre los principales, el hecho de que se vuelva a hablar de política. El problema es qué tipo de debate se instaló. Es bueno que la ciudadanía se involucre más en la discusión de asuntos públicos, pero no con las categorías adolescentes, distorsionadas y confrontativas que el kirchnerismo propuso y propone. Hay una gran diferencia entre pensar que la política a veces genera conflicto y que la política es siempre conflicto. Esto sin desconocer las dificultades que representa ser presidente en una sociedad compleja y atravesada por múltiples y muchas veces opuestos intereses.
Una joven en Plaza de Mayo decía a un cronista “¡Qué injusticia!, ¿por qué siempre tienen que caer de nuestro lado?”. Este razonamiento es parte del núcleo central del legado de Néstor Kirchner. Suponer que hay dos lados que se enfrentan donde necesariamente “cae” gente y donde hay patriotas y antipatriotas, sin permitir espacio para la unión, la reconciliación y un proyecto compartido por amplias mayorías. Seguramente este sea el principal desafío de la dirigencia post-kirchnerista; cómo desactivar este prejuicio de amplios sectores, cómo asegurar la convivencia entre posicionamientos tan polarizados, de los que el kirchnerismo fue su mayor exponente en la última década pero no el único. Las manifestaciones de estas horas están exacerbadas por el dolor y el estupor, pero esconden miles y miles de argentinos comprometidos con una Argentina sin matices y excluyente de los adversarios devenidos enemigos. Néstor Kirchner no fue un hechicero que encantó a millones de argentinos, sino que fue un representante genuino y exacerbado de la visión limitada que muchos compatriotas tienen sobre la democracia y el Estado de Derecho. Visión muy presente en el kirchnerismo pero también en sectores conservadores del antikirchnerismo.
Esta reflexión no invalida otros sentimientos. Debemos acompañar a una mujer que es presidenta pero que ante todo es un ser humano. Acaba de enviudar, perdió a su compañero de toda la vida. Acompañar y respetar su dolor es una forma de ser buen argentino. Y es una forma de caminar hacia esa Argentina menos confrontativa y más hermanada que muchos deseamos.
Esperemos que el legado de Néstor Kirchner hacia su espacio político sea la reivindicación de algunas banderas y algunos medios. Y el legado hacia todos los argentinos la importancia de la militancia, el descreimiento de los formalismos del poder y la voluntad transformadora. El resto de su herencia deberá ser materia de debate y aprendizaje social, en momento de menor conmoción y dolor.
Que en paz descanse Néstor Kirchner. Y que los argentinos aprendamos del pasado, sepamos inspirarnos en lo bueno de los que nos antecedieron y construyamos hacia adelante una argentina donde al funeral de un ex presidente puedan asistir todos los ex presidentes y toda la dirigencia política y social, y donde la gente cante al amor y la vida y no contra medios de comunicación, periodistas, la clase media o dirigentes opositores. O sea, ojalá que sepamos ir avanzando hacia una Argentina con paz, orden y, sobre todo, inclusión social. No parece haber otro modo.
Por ahora esto. Para más adelante quedarán las especulaciones sobre el futuro del gobierno, los reposicionamientos en el arco opositor, los beneficiados y perjudicados del nuevo escenario y la campaña electoral del próximo año.
26.10.10
¿Colaborar o no?

Definitivamente sí, hay que colaborar mañana.
Un censo brinda información muy importante y necesaria para la correcta aplicación de políticas públicas en todos los niveles de gobierno, no sólo el gobierno nacional, y para organizaciones privadas con y sin fines de lucro.
Mañana se realizará la captación de datos, que es la instancia más crítica del proceso. Más allá de todas las dudas que pueda generar la actual conducción del INDEC, colaborar y responder honestamente genera beneficios para todos.
Este gobierno o quienes reemplacen al kirchnerismo van a tener en estos datos información muy valiosa. Es comprensible la actual desconfianza hacia la utilización facciosa de los resultados, pero más allá de ese temor en el corto plazo, quienes reemplazen a los actuales gobiernos podrán reinterpretar y reutilizar los datos que mañana se recaben.
Por eso es importante. Así que si el actual gobierno no te gusta, protestá por otros medios, pero no boicoteando el censo.
La imagen de arriba es del censo del gobierno militar, pero también es el censo de la infancia de muchos de nosotros. Vale el recuerdo.
15.10.10
Una mirada externa
¿Cómo ve a los Kirchner?
-Como expresión de ese caos político argentino. No tienen arraigo en la institucionalidad ni visión de largo plazo. Sólo quieren el poder por el poder mismo. No entiendo cómo pueden seguir tanto tiempo sin que haya una alternativa en la Argentina. Me parece que a la elite argentina le falta liderazgo. Si uno compara la visión de largo plazo de Brasil con la de la Argentina, el contraste es inmenso. El Estado brasileño fue capaz de absorber contenidos tecnológicos y una sofisticación elevada; la empresa que se llama pública en Brasil, que no es estatal en el sentido corriente de la expresión, porque tiene acciones en la Bolsa y funciona como corporación, ha incorporado gran dinamismo, como se ve en Petrobras o en el Banco de Brasil. La elite argentina perdió ese dinamismo, y eso está demorando que la Argentina vuelva a tener un espíritu moderno.
La respuesta es de Fernando Henrique Cardoso, sociólogo de gran prestigio y ex presidente de Brasil. Hoy en día en el país vecino la mayoría de la opinión pública no conserva una buena imagen suya pero eso no le quita autoridad y contundencia a su respuesta. En un sentido profundo nunca dejó de ser un intelectual progresista motivado por el bien común, por más políticas ortodoxas que haya aplicado.
Otra forma de ver contrastes, en este caso no tanto con Brasil sino con una forma más inteligente de pensar un país y su desarrollo.
-Como expresión de ese caos político argentino. No tienen arraigo en la institucionalidad ni visión de largo plazo. Sólo quieren el poder por el poder mismo. No entiendo cómo pueden seguir tanto tiempo sin que haya una alternativa en la Argentina. Me parece que a la elite argentina le falta liderazgo. Si uno compara la visión de largo plazo de Brasil con la de la Argentina, el contraste es inmenso. El Estado brasileño fue capaz de absorber contenidos tecnológicos y una sofisticación elevada; la empresa que se llama pública en Brasil, que no es estatal en el sentido corriente de la expresión, porque tiene acciones en la Bolsa y funciona como corporación, ha incorporado gran dinamismo, como se ve en Petrobras o en el Banco de Brasil. La elite argentina perdió ese dinamismo, y eso está demorando que la Argentina vuelva a tener un espíritu moderno.
La respuesta es de Fernando Henrique Cardoso, sociólogo de gran prestigio y ex presidente de Brasil. Hoy en día en el país vecino la mayoría de la opinión pública no conserva una buena imagen suya pero eso no le quita autoridad y contundencia a su respuesta. En un sentido profundo nunca dejó de ser un intelectual progresista motivado por el bien común, por más políticas ortodoxas que haya aplicado.
Otra forma de ver contrastes, en este caso no tanto con Brasil sino con una forma más inteligente de pensar un país y su desarrollo.
29.9.10
Bronca con sonrisa
Sugerencia: primero ver el video, después leer el post.
El video es una compilación de breves spots de un candidato a diputado federal brasileiro por el Estado de Sao Paulo. Es un payaso de sobrenombre “Tiririca” que está causando cierto impacto entre los electores y, según sondeos, no tendría problemas en alcanzar su banca legislativa.
Está claro que es una expresión de lo que acá denominamos “voto bronca”, o sea, el hartazgo social hacia ciertos vicios de la política. En Brasil, además, el Congreso Federal sufre un bien merecido descrédito a partir de lo que allí denominan “fisiologismo”, que básicamente es garantizar la gobernabilidad a través del reparto a partidos aliados o de oposición de cargos y contratos en el gigantesco estado brasileiro.
Anclado en ese desprestigio de la política, un minúsculo partido paulista lo aprovecha con un eficiente marketing y promueve un payaso orgulloso de su ignorancia, con jingle pegadizo y sin sutilezas. Alguien podría compararlo con la campaña de Guillermo Cherasny y su “meter bala al narco y al motochorro”, pero deberíamos homologarlo más al voto bronca del 2001 con el voto a Homero Simpson o a una rodaja de salame. Lo de Cherasny fue un posicionamiento alternativo pero no dejaba de tener contenido político en su discurso. Las otras eran expresiones tan concretas como superficiales de protesta política.
Un mismo problema, dos formas de expresarlos. Una buena muestra de las diferencias culturales entre Argentina y Brasil.
27.9.10
¿Sirve de algo lo que uno hace?
Muchas veces, una persona puede sentirse abrumado por las lógicas que prevalecen en su entorno. No se está de acuerdo con ciertas actitudes o decisiones pero al ser mayoritarias u otorgar cierto beneficio en el corto plazo, se deponen valores o lógicas propias y se ajustan las propias acciones a ese sentir mayoritario.
En nuestra vida política suelen vivirse situaciones como estas. Una enorme cantidad de individuos, motivados por distintas razones, deciden un mismo curso de acción por más irracional o incorrecta que pueda aparecer y naturalizan esa forma de actuar.
Está en cada individuo reproducir esa lógica o, como una botella en medio del océano, flotar en la inmensidad esperando llegar a algún lado.
Esa resistencia pasiva a lógicas que se perciben como mayoritarias tiene consecuencias. Por un lado, sirve de ejemplo para muchos que, sin sentirlo, siguen a la mayoría por una cuestión de supervivencia social. Por otra parte, desde el aporte individual se balancea, aunque sea mínimamente, parte de esa lógica mayoritaria que no compartimos.
Y tal vez la consecuencia más importante sea la de que cada individuo participe en la vida pública en sintonía con sus valores y deseos.
La foto es real y es un enorme ejemplo de decisión (es un grupo de trabajadores saludando a Adolf Hitler en pleno apogeo del nazismo). Muchos podrán decir que de poco sirvió. Visto desde una historia “objetiva”, es cierto. Visto desde la historia de ese individuo, no es para nada cierto. Ese hombre pudo morir seguro de que había dado lo mejor de sí.
16.9.10
¿Qué onda Scioli?
Daniel Scioli es un caso atípico en la política argentina. Nacido bajo el amparo de Carlos Menem, promovido a las grandes ligas por Eduardo Duhalde y adoptado como aliado incondicional por Néstor Kirchner, es uno de los dirigentes con mejor imagen en el país. No genera rencores sino afectos, tanto a nivel social como personal. Es difícil en el mundo de la política encontrar a alguien que hable mal de Scioli en términos humanos. Un rara avis.
Una probable explicación a no ser percibido como desleal sea que su crecimiento nunca fue percibido como consecuencia de un trepador sin límites sino de un dirigente buscado por su buena imagen, primero como deportista, luego como humano sobrepuesto al dolor y finalmente como dirigente. Siempre supo lucir más del lado del abusado que del abusador.
En estos días se habla mucho de él y se plantean distintos escenarios teniéndolo como jugador clave en todos ellos. Muchos analistas creen que puede ser candidato presidencial y ganador por el oficialismo o por el peronismo disidente, o puede ser candidato a gobernador y reelegir en la Provincia de Buenos Aires con un Kirchner de candidato presidencial o un peronista o hasta el mismo Mauricio Macri si encabeza una fórmula Pro-Peronismo federal.
¿Simples especulaciones o hay algo real?
Si en mayo del 2011 los Kirchner confirman que ninguno de ellos puede ganar una segunda vuelta, Scioli sería el único plan B que podría garantizarles un triunfo y mantener ciertos espacios de poder. Algunos suponen que los K podrían optar por perder y apostar a ser la oposición de un gobierno radical pero el peronismo no los acompañaría en esa gesta.
Si en mayo del 2011 el escenario presenta chances reales para un triunfo K, Scioli sería la mejor carta para reforzar las posibilidades en el mayor distrito electoral del país. Y como en Buenos Aires no hay segunda vuelta, una primera vuelta exitosa garantizaría su reelección.
Y si durante el trayecto hasta mayo/julio de 2011 los Kirchner no revierten su desgaste con segmentos mayoritarios de la población pero insistan en ser candidatos, tal vez la fuerza de las circunstancias impulsen una candidatura presidencial de Scioli como solución de consenso entre sectores “oficialistas” (intendentes del conurbano, legisladores en todos los niveles, gobernadores, sindicatos, cámaras empresarias) y el peronismo disidente.
Mientras tanto, él sigue su juego de silencios, gestos y moderación. Luciendo como un vecino normal, con buenas intenciones, sentido común y un ego bien controlado. Desplantes como el que realizó Néstor Kirchner la semana pasada contribuyen con esa imagen y por ahora le generan más beneficios que costos.
Mal no le fue con ese posicionamiento. Tal vez sólo deba abandonarlo cuando quiera ser él el numero uno. O ni siquiera así.
Lo dicho, un rara avis.
Una probable explicación a no ser percibido como desleal sea que su crecimiento nunca fue percibido como consecuencia de un trepador sin límites sino de un dirigente buscado por su buena imagen, primero como deportista, luego como humano sobrepuesto al dolor y finalmente como dirigente. Siempre supo lucir más del lado del abusado que del abusador.
En estos días se habla mucho de él y se plantean distintos escenarios teniéndolo como jugador clave en todos ellos. Muchos analistas creen que puede ser candidato presidencial y ganador por el oficialismo o por el peronismo disidente, o puede ser candidato a gobernador y reelegir en la Provincia de Buenos Aires con un Kirchner de candidato presidencial o un peronista o hasta el mismo Mauricio Macri si encabeza una fórmula Pro-Peronismo federal.
¿Simples especulaciones o hay algo real?
Si en mayo del 2011 los Kirchner confirman que ninguno de ellos puede ganar una segunda vuelta, Scioli sería el único plan B que podría garantizarles un triunfo y mantener ciertos espacios de poder. Algunos suponen que los K podrían optar por perder y apostar a ser la oposición de un gobierno radical pero el peronismo no los acompañaría en esa gesta.
Si en mayo del 2011 el escenario presenta chances reales para un triunfo K, Scioli sería la mejor carta para reforzar las posibilidades en el mayor distrito electoral del país. Y como en Buenos Aires no hay segunda vuelta, una primera vuelta exitosa garantizaría su reelección.
Y si durante el trayecto hasta mayo/julio de 2011 los Kirchner no revierten su desgaste con segmentos mayoritarios de la población pero insistan en ser candidatos, tal vez la fuerza de las circunstancias impulsen una candidatura presidencial de Scioli como solución de consenso entre sectores “oficialistas” (intendentes del conurbano, legisladores en todos los niveles, gobernadores, sindicatos, cámaras empresarias) y el peronismo disidente.
Mientras tanto, él sigue su juego de silencios, gestos y moderación. Luciendo como un vecino normal, con buenas intenciones, sentido común y un ego bien controlado. Desplantes como el que realizó Néstor Kirchner la semana pasada contribuyen con esa imagen y por ahora le generan más beneficios que costos.
Mal no le fue con ese posicionamiento. Tal vez sólo deba abandonarlo cuando quiera ser él el numero uno. O ni siquiera así.
Lo dicho, un rara avis.
13.9.10
Palabras devaluadas
En las marchas políticas hay un canto que se puso de moda hace unos años y tiene cada vez más prédica. Al que se quiere agraviar se le grita que es “Basura, vos sos la dictadura”.
Y los que cantan parecen sentirse realizados, enrostrando en su personaje denostado una acusación difusa que lo vincula con las peores prácticas de la política: autoritarismo, represión ilegal, inmoralidad, desapego a todo tipo de ley y abusos en todas las variantes.
Resulta llamativo que quienes cantan esto muchas veces son personas que han sufrido en primera persona las prácticas de dictaduras cruentas que, por suerte, prácticamente nadie del espectro político actual defiende o pensaría en llevar adelante.
¿Por qué en vez de recordar con precisión el pasado lo utilizan con fines partidarios? ¿Realmente creen que sus adversarios expresan los valores de una dictadura? ¿No están banalizando demasiado la terrorífica herencia de la última dictadura militar? ¿Los intereses partidarios pueden ponerse por encima de un valor que deberíamos compartir todos los argentinos? ¿Se puede comparar a dirigentes surgidos de la democracia y la ley con aquellos militares? ¿No es tan injusto acusa de dictadura a unos como llamar montoneros a otros? ¿Cuál es el límite de la descalificación en el debate público? ¿Sirven estas acusaciones para reforzar nuestra cultura política? ¿No sería bueno preservar estas acusaciones por si alguna vez realmente hagan falta?
Preguntas nomás.
Tal vez haya que mandar a la basura algunas prácticas discursivas.
Y los que cantan parecen sentirse realizados, enrostrando en su personaje denostado una acusación difusa que lo vincula con las peores prácticas de la política: autoritarismo, represión ilegal, inmoralidad, desapego a todo tipo de ley y abusos en todas las variantes.
Resulta llamativo que quienes cantan esto muchas veces son personas que han sufrido en primera persona las prácticas de dictaduras cruentas que, por suerte, prácticamente nadie del espectro político actual defiende o pensaría en llevar adelante.
¿Por qué en vez de recordar con precisión el pasado lo utilizan con fines partidarios? ¿Realmente creen que sus adversarios expresan los valores de una dictadura? ¿No están banalizando demasiado la terrorífica herencia de la última dictadura militar? ¿Los intereses partidarios pueden ponerse por encima de un valor que deberíamos compartir todos los argentinos? ¿Se puede comparar a dirigentes surgidos de la democracia y la ley con aquellos militares? ¿No es tan injusto acusa de dictadura a unos como llamar montoneros a otros? ¿Cuál es el límite de la descalificación en el debate público? ¿Sirven estas acusaciones para reforzar nuestra cultura política? ¿No sería bueno preservar estas acusaciones por si alguna vez realmente hagan falta?
Preguntas nomás.
Tal vez haya que mandar a la basura algunas prácticas discursivas.
3.9.10
Tomados por las limitaciones
¿Está bien tomar las escuelas?
Esta pregunta tiene sentido responderla como consecuencia de otras preguntas anteriores. Una de ellas sería, ¿cómo hacer para llamar la atención de la sociedad y los funcionarios políticos respecto al estado edilicio de algunas escuelas?
No es objeto de este post analizar las causas de los problemas de infraestructura. Repasando brevemente podemos suponer que hay una mezcla de desidias presentes y pasadas, falta de recursos, demandas crecientes (hace algunos años, ni los colegios privados más caros tenían calefacción, por ejemplo), falta de prioridad y hasta problemas de comunicación.
De todos modos, analizando la situación actual de conflicto podríamos cargar responsabilidades sobre la sociedad y los medios de comunicación. Al igual que con la existencia de los piquetes, estas tomas de colegio tienen como motivación principal llamar la atención de los medios de comunicación y, por lo tanto, del resto de la sociedad. ¿Por qué llegar hasta este punto? ¿No podrían actuar los medios de comunicación antes de tomas de posturas que violenten derechos de terceros? ¿Los medios no cubren conflictos de baja intensidad porque a la sociedad no les interesaría? ¿Sólo reaccionamos ante conflictos límites?
Y una pregunta más osada aún, ¿estaría mal pensar que los medios se pusiesen de acuerdo y no diesen más aire a protestas que cercenen derechos de terceros para, de este modo, desestimular esa práctica?
De todos modos, una sociedad civil más alerta, más comprometida y con mayor nivel de exigencia hacia las clases dirigentes probablemente evitarían muchas veces llegar a estas recurrentes situaciones de ilegalidad. No harían falta.
Dicho esto, queda pendiente la respuesta a la legitimidad o no de este tipo de protestas.
¿Sirven para llamar la atención? Evidentemente sí.
¿Sirven para construir una sociedad más madura? Por más que lo quieran pintar de compromiso político por parte de los jóvenes y sus familias, no, no se construye una sociedad más adulta con la toma de colegios o con los cortes ilegales de calle.
¿Es legítimo tomar las escuelas? Puede ser que lo sea, pero, ante todo, es una respuesta muy pobre frente a políticas públicas ineficaces.
¿Existirían otros modos de hacer visibles los problemas? Como sociedad parece que fuimos perdiendo la vitalidad y creatividad para el cambio. Hoy sólo sabemos protestar, de mal humor, sin sonrisas, sin energía liberadora. Como si el pesimismo del tango nos contagiase en nuestro vínculo con el espacio público y con la vida ciudadana.
Tuvimos años de plomo y de prohibiciones de libertades individuales básicas que justificaban una mirada seria y algo tosca de la protesta. Ahora, en cambio, hace años que lo que básicamente sufrimos son dirigencias políticas ineficientes o corruptas cuya reproducción depende básicamente de la cultura política de sus ciudadanos y las decisiones que tomamos día a día y en las elecciones.
Ponerle más sonrisa, creatividad y amor a las exigencias políticas seguramente harían del nuestro un país más maduro, vivible y realizado.
Esta pregunta tiene sentido responderla como consecuencia de otras preguntas anteriores. Una de ellas sería, ¿cómo hacer para llamar la atención de la sociedad y los funcionarios políticos respecto al estado edilicio de algunas escuelas?
No es objeto de este post analizar las causas de los problemas de infraestructura. Repasando brevemente podemos suponer que hay una mezcla de desidias presentes y pasadas, falta de recursos, demandas crecientes (hace algunos años, ni los colegios privados más caros tenían calefacción, por ejemplo), falta de prioridad y hasta problemas de comunicación.
De todos modos, analizando la situación actual de conflicto podríamos cargar responsabilidades sobre la sociedad y los medios de comunicación. Al igual que con la existencia de los piquetes, estas tomas de colegio tienen como motivación principal llamar la atención de los medios de comunicación y, por lo tanto, del resto de la sociedad. ¿Por qué llegar hasta este punto? ¿No podrían actuar los medios de comunicación antes de tomas de posturas que violenten derechos de terceros? ¿Los medios no cubren conflictos de baja intensidad porque a la sociedad no les interesaría? ¿Sólo reaccionamos ante conflictos límites?
Y una pregunta más osada aún, ¿estaría mal pensar que los medios se pusiesen de acuerdo y no diesen más aire a protestas que cercenen derechos de terceros para, de este modo, desestimular esa práctica?
De todos modos, una sociedad civil más alerta, más comprometida y con mayor nivel de exigencia hacia las clases dirigentes probablemente evitarían muchas veces llegar a estas recurrentes situaciones de ilegalidad. No harían falta.
Dicho esto, queda pendiente la respuesta a la legitimidad o no de este tipo de protestas.
¿Sirven para llamar la atención? Evidentemente sí.
¿Sirven para construir una sociedad más madura? Por más que lo quieran pintar de compromiso político por parte de los jóvenes y sus familias, no, no se construye una sociedad más adulta con la toma de colegios o con los cortes ilegales de calle.
¿Es legítimo tomar las escuelas? Puede ser que lo sea, pero, ante todo, es una respuesta muy pobre frente a políticas públicas ineficaces.
¿Existirían otros modos de hacer visibles los problemas? Como sociedad parece que fuimos perdiendo la vitalidad y creatividad para el cambio. Hoy sólo sabemos protestar, de mal humor, sin sonrisas, sin energía liberadora. Como si el pesimismo del tango nos contagiase en nuestro vínculo con el espacio público y con la vida ciudadana.
Tuvimos años de plomo y de prohibiciones de libertades individuales básicas que justificaban una mirada seria y algo tosca de la protesta. Ahora, en cambio, hace años que lo que básicamente sufrimos son dirigencias políticas ineficientes o corruptas cuya reproducción depende básicamente de la cultura política de sus ciudadanos y las decisiones que tomamos día a día y en las elecciones.
Ponerle más sonrisa, creatividad y amor a las exigencias políticas seguramente harían del nuestro un país más maduro, vivible y realizado.
1.9.10
¿Lo digo o no lo digo?
Dilma Rousseff, candidata a presidenta en Brasil por el partido de Lula, comenzó recientemente su campaña electoral por televisión.
En una de sus piezas audiovisuales (que se puede ver al final del post) hace mención, entre otras cosas de su pasado, a su participación en la lucha armada contra la dictadura. A comienzos de la campaña este dato resultaba incómodo para presentarse frente a las clases medias urbanas, más conservadoras y dubitativas respecto a un personaje no tan conocido y de perfil áspero como Dilma.
¿Conviene hablar de los puntos oscuros del pasado de un candidato?
Sí, conviene.
¿Por qué?
Porque la oposición seguro va a hacerlo. Todo aquello que tenga potencial para perjudicar a un rival, lo harán, ejerciendo un derecho de las elecciones libres y competitivas que tiene por finalidad, justamente, que el electorado esté lo más y mejor informado posible de cada uno de los candidatos. Frente a este dato de la realidad, una campaña tiene que empeñarse en presentar los hechos de un modo favorable más que en ocultarlo.
Cómo presentar hechos controversiales en un modo que afecte positivamente, o al menos neutralice, a los segmentos simpáticos a un candidato, es parte del denominado arte de la comunicación política.
De todos modos, hay algunos principios básicos.
Primero, humanizar al candidato frente a ese problema del pasado. Segundo, generar un relato creíble. Tercero, no falsear datos. Cuarto, si es necesario, pedir las disculpas del caso. Y quinto, seguir adelante, no quedarse dando vueltas al mismo tema.
En una de sus piezas audiovisuales (que se puede ver al final del post) hace mención, entre otras cosas de su pasado, a su participación en la lucha armada contra la dictadura. A comienzos de la campaña este dato resultaba incómodo para presentarse frente a las clases medias urbanas, más conservadoras y dubitativas respecto a un personaje no tan conocido y de perfil áspero como Dilma.
¿Conviene hablar de los puntos oscuros del pasado de un candidato?
Sí, conviene.
¿Por qué?
Porque la oposición seguro va a hacerlo. Todo aquello que tenga potencial para perjudicar a un rival, lo harán, ejerciendo un derecho de las elecciones libres y competitivas que tiene por finalidad, justamente, que el electorado esté lo más y mejor informado posible de cada uno de los candidatos. Frente a este dato de la realidad, una campaña tiene que empeñarse en presentar los hechos de un modo favorable más que en ocultarlo.
Cómo presentar hechos controversiales en un modo que afecte positivamente, o al menos neutralice, a los segmentos simpáticos a un candidato, es parte del denominado arte de la comunicación política.
De todos modos, hay algunos principios básicos.
Primero, humanizar al candidato frente a ese problema del pasado. Segundo, generar un relato creíble. Tercero, no falsear datos. Cuarto, si es necesario, pedir las disculpas del caso. Y quinto, seguir adelante, no quedarse dando vueltas al mismo tema.
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